martes, 16 de febrero de 2010

Nietzsche afirma que el arte sería la verdadera actividad metafísica del hombre. Así Nietzsche funde la relación entre arte y filosofía.


Foucault, M., Histoire de la sexualité II. L´usage des plaisirs, op. cit., pág. 16.

Quizá se me diga que estos juegos con un uno mismo deben quedar entre bastidores, y que, en el mejor de los casos, forman parte de esos trabajos de preparación que se desvanecen por sí solos cuando han logrado sus efectos. Pero ¿qué es la filosofía hoy -quiero decir la actividad filosofíca- si no el trabajo crítico del pensamiento sobre él mismo? ¿Y si no consiste, en vez de en legitimar lo que ya se sabe, en emprender saber cómo y hasta donde sería posible pensar de otra manera? Siempre hay algo de irrisorio en el discurso filosófico cuando, desde el exterior, quiere ordenar a los demás, decirles donde está su verdad y como encontrarla, o cuando se siente con fuerza para instruirles proceso con positividad ingenua; pero es su derecho explorar lo que, en el propio pensamiento, puede ser cambiado, mediante el ejercicio que hace de un saber que le es extraño. “El ensayo” -que hay que entender como prueba modificatoria de sí mismo en el juego de la verdad y no como apropiación simplificadora del otro con fines de comunicación -es el cuerpo vivo de la filosofía, si por lo menos ésta es todavía hoy lo que fue, es decir una “ascesis”, un ejercicio de si, en el pensamiento.

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